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Patrones violentos

Es preocupante que uno de cada cuatro jóvenes considere normal la violencia en las relaciones de pareja

Concentración en Elda contra la violencia de género tras el asesinato de una mujer en esa localidad.
Concentración en Elda contra la violencia de género tras el asesinato de una mujer en esa localidad. EFE

Que uno de cada cuatro jóvenes de 15 a 19 años vea normal que haya violencia de género en las parejas es muy preocupante. Eso es lo que han contestado el 27,4% de los 1.247 encuestados en el barómetro 2017 del proyecto Scopio de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Aunque la sensibilización frente a la violencia machista ha crecido entre los jóvenes —un 87% considera que es un problema social grave—, uno de cada cinco está muy o bastante de acuerdo con que “la violencia machista es un tema politizado que se exagera mucho”.

Estos datos corroboran otros trabajos que ya habían advertido sobre la pervivencia e incluso el repunte de algunos comportamientos machistas entre los jóvenes. La macroencuesta de violencia de género de 2015 constata que las mujeres jóvenes de entre 16 y 25 años sufren violencia psicológica de control por parte de sus novios o parejas en mayor proporción que las mujeres del resto de franjas de edad. Concretamente, el 21,1%, frente al 9,65% del conjunto de las mujeres encuestadas. Se corresponde con un patrón cultural muy arraigado: el 33% de los españoles piensa que los celos son una prueba de amor. Esta idea sigue viva entre muchos jóvenes de ambos sexos.

El control es una de las primeras manifestaciones de un comportamiento que puede derivar en violencia de género. En el segundo trimestre del año se presentaron en España 42.600 denuncias por este motivo. De los 38 casos que figuran en el registro oficial de mujeres asesinadas en lo que llevamos de año, siete eran jóvenes menores de 30 años, y también eran jóvenes cinco de los agresores. El pacto de Estado recientemente suscrito por las fuerzas políticas hace especial énfasis en las medidas educativas y de prevención. Estos datos muestran que hay mucho trabajo por hacer para erradicar unos patrones culturales que muchos jóvenes reproducen sin cuestionar su origen y consecuencias.

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