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Nacimiento, vida y muerte de un campo de refugiados

El fotógrafo catalán Alex Franco documenta la historia de los desplazados de Calais (Francia), con 1.500 menores sin compañía adulta

refugiados
Las cicatrices en la mano de Hatim Khalid son resultado de un método de tortura llevado a cabo, según cuenta, por el Gobierno de Sudán.

Es el asentamiento irregular de refugiados de Calais –que se levantó desde enero de 2015 hasta octubre de 2016 en la costa noroeste de Francia–, pero podría ser la isla griega de Lesbos o un Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes en Melilla. En las fotografías de Alex Franco (Barcelona, 1984), el contexto pasa a un segundo plano para que el primero lo ocupen aquellos que raramente ocupan nada: el chico sirio que consiguió regularizar su situación en Reino Unido; pero también el otro chico, el pakistaní, que jugó con la idea de suicidarse en varias ocasiones tras perder la esperanza de salir de Calais.

Franco, que reside en Londres, es fotógrafo de moda y colaborador de, entre otras cabeceras, la edición inglesa de Vogue. Un día conoció a la escritora Abigail Gallagher en una famosa librería de París, comenzaron a hablar sobre Calais y se acordó del impacto que le había producido de niño ver en el telediario el goteo incesante de pateras que llegaban a la costa sur española desde el norte de África. Sintió la necesidad de poner rostro y nombre a los refugiados, así que cogió la cámara y visitó la conocida como Jungla de Calais hasta en seis ocasiones. De ahí nace el proyecto Remember me when I'm gone, que se expondrá en Crea centre polivalent (Barcelona) el 1 y el 2 de diciembre. En Londres se podrá ver el 5 y el 6 del mismo mes en Unit 10, The Huntingdon Estate. 

Lo que más le impactó cuando llegó a la Jungla fue ver que, incluso en un entorno de barro y carencias, podía encontrarse cierto orden. “Había una calle principal, restaurantes, tiendas y distintas zonas, establecidas en función de los países de procedencia de cada uno. Todo era fruto del trabajo de los propios refugiados, porque la coordinación entre las distintas ONG era nula. Es curioso ver cómo, a cualquier nivel, el orden es necesario para la supervivencia”, comenta Franco.

Autorretrato del fotógrafo en el asentamiento de Calais.
Autorretrato del fotógrafo en el asentamiento de Calais.

El otro aspecto que le llamó la atención fue la gran desinformación que había entre los refugiados. “No sabían cuál era el proceso para pedir asilo. Había muchos rumores, pero nadie tenía claro a quién dirigirse”, dice el fotógrafo. “Lo que no puede ser es que 1.500 personas empiecen a acampar en un territorio [acabaron siendo 10.000] y el Gobierno francés, primero decida mirar para otro lado, y luego les deje ahogarse en la mierda”.

En las imágenes que Franco se llevó de Calais está presente, sobre todo, la incertidumbre. El miedo que esta genera. La muestra es un recordatorio de un problema irresuelto que no solo no tiene ninguna pinta de desaparecer, sino que probablemente se agudice. “La mayoría de las personas que estaban en el asentamiento venían huyendo de una guerra. Hoy son ellos, pero, ¿qué pasará cuando el nivel del mar comience a subir fruto del calentamiento global y Venecia o Formentera estén en riesgo de desaparecer? ¿Qué pasará cuando empecemos a hablar de refugiados climáticos?” 

Pincha en la imagen para ver las fotografías de Alex Franco

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