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OPINIÓN

Qué puede hacer el conocimiento por el desarrollo de los países más pobres

Es importante encontrar instrumentos innovadores como los fondos de transferencia de tecnología que permitan que organismos de investigación lleven a cabo proyectos de desarrollo

 Una sala repleta de investigadores e investigadoras, ONG, organismos internacionales y agencias de cooperación. Una sucesión de paneles de expertos proyectando sesudos power points. Hasta aquí, nada parece innovador. Sin embargo, desde los dos encuentros de Mujeres por un mundo mejor celebradas en Níger y Mozambique hace ya muchos años, no recuerdo otra reunión celebrada en África capaz de implicar a todos los actores de la Cooperación Española con el fin de tener un impacto real en la política de cooperación de nuestro país, como la celebrada el pasado 7 de noviembre en Mozambique.

Tampoco es habitual reunir en un seminario a tantos kilómetros de distancia a la plana mayor de la Cooperación Española: el Secretario de Estado de Cooperación Internacional, el director de la AECID, el subdirector de África, la directora de la Dirección General de Planificación y Evaluación de Políticas para el Desarrollo, el responsable de salud, y la coordinadora en el país. El motivo de estos hechos poco frecuentes era reunirse para hacer balance sobre los diferentes programas que la Cooperación Española lleva desplegando desde sus orígenes hasta la actualidad para potenciar el conocimiento y la innovación como motores del desarrollo, evaluar sus resultados y conocer experiencias nuevas. Además, y lo que es más importante, el encuentro tenía la meta de marcar una hoja de ruta para encontrar nuevos objetivos e instrumentos de cara al nuevo Plan Director y a la estrategia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que nuestro país debe implementar en los próximos años.

Ningún sitio mejor para ello que el Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM), ideado hace algo más de 20 años en el corazón de uno de los países más pobres del planeta, Mozambique, con el fin de desarrollar el mejor conocimiento para luchar contra enfermedades devastadoras para la esperanza de vida de las personas más pobres como la malaria y el VIH/sida. Un centro apoyado desde el principio, e ininterrumpidamente, por la Cooperación Española, que está dirigido por investigadores mozambiqueños y que en la actualidad pertenece a una fundación del país africano.

El CISM, y muchos de los proyectos que allí se desarrollan, es seguramente el ejemplo más inspirador para este seminario. Una prueba patente de cómo la mejor ciencia, cuando es aplicada a las políticas públicas, puede mejorar radicalmente la vida de la gente. Basta con ver cómo ha aumentado la esperanza de vida en Mozambique durante los últimos años, recordaba Pedro Alonso, fundador del CISM y de ISGlobal y hoy director del Programa Mundial de Malaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la inauguración del seminario.

Es vital encontrar nuevos programas e instrumentos flexibles que sean capaces de potenciar y trasladar la mejor ciencia en todo el ciclo de vida de un proyecto

A lo largo de toda una jornada, pudimos repasar los éxitos y los errores de los programas clásicos de la Cooperación Española, como los CPIS (hoy en reforma), o los programas de becas. Hemos visto los pros y los contras de programas más nuevos, como la convocatoria de innovación que todavía no consigue incentivar proyectos de gran envergadura, o de uno de los últimos esfuerzos con el que la Cooperación Española pretende potenciar el conocimiento generado en los centros de formación por cientos de redes.

Durante el encuentro, nos preguntamos qué puede hacer la investigación y la innovación por la cooperación al desarrollo, reconociendo que la metodología científica puede ser muy útil para la formulación y organización de proyectos y equipos, así como para la evaluación de impacto. Al mismo tiempo, quisimos responder a la pregunta inversa: ¿qué puede hacer la Cooperación Española por la investigación y la innovación? La conclusión a la que llegamos fue que es necesario incorporar los objetivos de intercambio de conocimiento al Plan Director MAPS y los demás instrumentos de la Cooperación Española. Es importante encontrar instrumentos innovadores como los fondos de transferencia de tecnología o cluster de innovación que permitan que organismos de investigación puedan llevar a cabo proyectos de desarrollo y adoptar los canales de distribución del sector privado (como ha hecho el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria con la red de distribución de Coca-Cola para hacer accesibles los medicamentos a comunidades remotas) para hacer accesibles la tecnología y los resultados del conocimiento.

El mejor conocimiento no proviene siempre de los expertos, sino de las comunidades y de la sociedad

En resumen, es vital encontrar nuevos programas e instrumentos flexibles que sean capaces de potenciar y trasladar la mejor ciencia, de inyectar pequeñas dosis de innovación en todo el ciclo de vida de un proyecto (como está desarrollando el PNUD recientemente, por ejemplo). Para ello, es necesario seguir un esquema de dirección (como el desarrollado por el Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid) que oriente cómo hacerlo, aprovechando organizaciones intermedias (como, por ejemplo, ISGlobal) y con recursos específicos para este fin.

El de estos días ha sido un primer paso importante para constituir un grupo asesor que acompañe a la AECID en las reformas necesarias para conseguir un modelo de cooperación con mayor impacto, más innovador, capaz de poner el mejor conocimiento al servicio de políticas que mejoren el desarrollo de los países menos adelantados, sin tener que romper las costuras de los instrumentos y convocatorias tradicionales pensadas para otros actores y objetivos. Y todo ello, sabiendo que el mejor conocimiento no proviene siempre de los expertos, sino de las comunidades y de la sociedad a la que hay que escuchar, incorporar y apoyar más.

Leire Pajín es directora de desarrollo internacional del Barcelona Institute for Global Health (ISGlobal).

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