Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Cómo parar al próximo Salah Abdeslam

La UE pone en marcha la nueva comisión de Terrorismo, que cada año publicará un informe sacando a la luz los fallos que han facilitado la actividad terrorista

FOTO: Minuto de silencio en Lyon, el 16 de noviembre de 2015, por las víctimas de los atentados de París, cometidos tres días antes. VÍDEO: Un futuro para Molenbeek.
Bruselas / París

El día después de que Salah Abdeslam fuera detenido a balazos cuando intentaba huir de su apartamento en Molenbeek (Bruselas), Aziz Benhamou —quinceañero, estudiante, nacido y criado en el mismo barrio— hablaba de Messi frente al portal del yihadista. Acompañado de tres amigos, Benhamou discutía con ellos sobre la altura del futbolista argentino moviendo arriba y abajo la palma de la mano. Mientras, a unos metros, legiones de periodistas elevaban el dramatismo ante la detención del escurridizo terrorista belga, uno de los fugitivos más buscados del planeta durante los 126 días que pasó huido tras los atentados de París del 13 de noviembre de 2015. Abdeslam, recluido en una cárcel de Francia, mantiene el mismo silencio sepulcral desde el día de su arresto.

En las portadas de diarios de todo el mundo, Molenbeek, de donde han salido algunos de los autores de los ataques terroristas más sangrientos de los últimos años, fue señalada, no sin razón, como nido, refugio y corazón del yihadismo europeo. Y su nombre se erigió en símbolo del fracaso de Bélgica —y de Europa— en contener la radicalización de sus jóvenes. Acostumbrados en los últimos tiempos a operativos similares, para algunos de los adolescentes hijos y nietos de inmigrantes —las tan nombradas segunda y tercera generación— apostados junto al cordón de seguridad, el enorme despliegue mediático-policial de aquellos días generó más una sensación de improvisada festividad que de asombro.

Pero la radicalización no es solo un problema belga. Es una cuestión europea. "Hay una deficiente coordinación. Los Estados miembros son bastante nuevos en la lucha contra el yihadismo. En la política de información, los servicios de inteligencia y la propia coordinación policial o de fronteras hay muchos agujeros que cubrir", advierte la vicepresidenta de la comisión de Terrorismo de la Eurocámara, Elena Valenciano. La escenificación más clara de esa necesidad de cooperación transnacional fue la participación de yihadistas asentados en Bélgica en la masacre de Bataclan, en París. "El terrorismo no entiende de fronteras. Molenbeek también afecta a los franceses", dice por teléfono Olivier Roy, profesor y experto en yihadismo del Instituto Universitario Europeo de Florencia.

Puedo estar un año hablando en la mezquita que con un vídeo en Facebook los radicales pueden atraer a cientos de jóvenes en dos o tres minutos

Jamal Habbachich, Imán en Molenbeek

El grueso de la lucha antiterrorista sigue siendo responsabilidad de los Estados, pero el papel de la Unión ha ido ganando peso conforme el problema adquiría mayor dimensión. Según datos de Europol, en 2016 murieron 135 personas en 13 ataques yihadistas en la UE, y 718 sospechosos fueron arrestados, casi cinco veces más que cuatro años antes. La inquietud social desatada por ese creciente fenómeno terrorista ha llevado a la UE a poner en marcha nuevos organismos para combatirlo. Hace poco más de un año, la Comisión creó la cartera de Seguridad, dirigida por el británico Julian King. Y este septiembre echó a andar la mencionada comisión de Terrorismo en el Europarlamento, que cada año publicará un informe sacando a la luz los fallos que han facilitado la actividad terrorista y hará recomendaciones a los países miembros.

La amenaza ya no solo tiene su germen en la clandestinidad de las cuatro paredes de un piso o una sala de oración. Se extiende por la Red como un virus incontenible. "Puedo estar un año hablando en la mezquita que con un solo vídeo en Facebook los radicales pueden atraer a cientos de jóvenes en dos o tres minutos", señala impotente Jamal Habbachich, imán y presidente del consejo de mezquitas de Molenbeek. La UE lo sabe, y busca ponerle coto. "Estamos trabajando con las grandes empresas de Internet con el fin de que no aparezcan contenidos terroristas en sus plataformas o sean eliminados de inmediato", afirma el comisario King.

Los hombres del subsuelo

¿Quiénes son los radicales en Europa? Olivier Roy, uno de los expertos en islam más reputados del continente, defiende que el yihadismo responde a una islamización de la radicalidad latente en la sociedad. En su última obra, La yihad y la muerte (Ed. Seuil, 2016), esboza su trayectoria vital: jóvenes de segunda generación de inmigrantes, la mayoría bien integrados, que tras pasar por la pequeña delincuencia se radicalizan en prisión, reniegan tanto de la autoridad de sus padres como de su modo de entender el islam, cometen un atentado y mueren en enfrentamiento con la policía. "Son los hombres del subsuelo. La gente que se queda en los márgenes de la modernidad", señala Javier Lesaca, investigador de la Universidad George Washington. "El perfil es la frustración", resume.

"Daesh apenas utiliza la religión. Lanza referencias culturales occidentales. Sabe que habla a la generación millenial

Javier Lesaca, autor de Armas de seducción masiva

Su tesis coincide con la de Roy en relegar el factor religioso a un papel secundario. Los 1.500 vídeos que ha emitido el ISIS en los últimos tres años se parecen más a los videojuegos más populares que a los mensajes de las mezquitas. "Daesh [acrónimo árabe para referirse a ISIS] apenas utiliza la religión. Lanza referencias culturales occidentales. Sabe que habla a la generación millennial", concluye Lesaca, también autor de Armas de seducción masiva (Ed. Península, 2017), un ensayo sobre la maquinaria propagandística audiovisual del ISIS.

Son musulmanes, sí, pero primero, y ante todo, son radicales. Así lo describe Roy en su libro: "Lo que fascina es la pura revuelta y no la construcción de la utopía. La violencia no es un medio, es un fin. Una violencia sin futuro. Daesh no crea el terrorismo, pesca en un caladero que ya existe".

El legado de dolor en Europa

París, Londres, Barcelona, Niza, Berlín, Estocolmo... Europa ha sido golpeada una y otra vez por estos voluntarios del ISIS. Las heridas de aquella noche atroz en Bataclan perduran 24 meses después. Benjamin Cazenoves, diseñador gráfico de 35 años, es autor de uno de los mensajes más escalofriantes que se hayan publicado nunca en una red social. "Hay supervivientes en el interior. Matan a todo el mundo. Uno por uno. En el primer piso. ¡Rápido!", escribió en Facebook escondido en una habitación oscura dentro de la sala. El recuerdo de aquel día sigue presente. "Toda la visión de la vida cambia completamente. Te dices que lo lógico es que estuviera muerto. Y buscas darle sentido a la vida", cuenta en un acto de homenaje a víctimas del terrorismo en Bruselas.

A 20 kilómetros al norte de París, el panadero ha comprado la floristería del fallecido Gilles Leclerc en el pueblo de Saint-Leu-la-Forêt, de 15.000 habitantes, donde este diario ha viajado con el proyecto Europa Ciudadana, financiado por la Eurocámara. Lleva meses cerrada. El joven, de 32 años, la sacaba adelante junto a su madre hasta que esa noche de noviembre fue al concierto de Eagles of Death Metal con su novia. Fue asesinado. Una placa junto a un arce japonés —su preferido— recuerda a Leclerc en la escuela Victor Hugo en la que estudió. "Puede vivir 80 años", dice su hermana Alexandra sobre la planta. La familia no tiene noticias de su pareja, Marianne, desde hace año y medio. Se marchó. Salió ilesa físicamente pero destrozada anímicamente.

Dos años después de los 130 muertos y más de 400 heridos del ataque de la capital francesa, Molenbeek, hogar de algunos de sus autores, vive preocupado por su futuro. "En primaria hay niños que creen en la teoría del complot. Que niegan asesinatos. No podemos dejarles creer eso", dice Maite Martínez-Argarate, profesora durante 30 años en la comuna. "La situación está igual o peor que antes. Apenas hay subvenciones para ayudar a los jóvenes y la estigmatización es mayor por todo lo que ha pasado", afirma José-Luis Peñafuerte, director del documental Molenbeek, génération radicale?

Radiografía del terrorismo en Europa. pulsa en la foto
Radiografía del terrorismo en Europa.

¿Cómo impedir la gestación de nuevos Abdeslam? "No se puede evitar. No hay que tomar medidas rápidas como cerrar fronteras o estigmatizar colectivos. Son atajos que no sirven. Hay que generar una narrativa alternativa. Y no se puede hacer nada si las empresas de tecnología no combaten estos fenómenos en las redes", explica Lesaca. 

El vacío de la segunda generación

20 meses después de la detención de Abdeslam, Aziz Benhamou aparece en una cafetería de su barrio. De padres marroquíes, forma parte de esa segunda generación de anhelos y desarraigos tan estudiados. El local, cercano al canal que actúa de frontera entre Molenbeek y el resto de Bruselas, tiene poco que ver con los típicos bares y cafés llenos de hombres bajo un retrato del rey Mohamed VI de Marruecos. No hay rastro del alma 1080 —el código postal de Molen, otra de las abreviaturas con las que los jóvenes se refieren a su barrio—.

Aziz ha crecido desde aquel día en que Abdeslam fue capturado. Repite la coletilla tu vois?—algo así como ¿entiendes?—, bordea la mayoría de edad y coquetea con dejar los estudios. Esta mañana ha llevado un certificado médico a clase para excusar su ausencia y se ha ido a trabajar como repartidor de Deliveroo. Quiere ser taxista y compone canciones de rap. "He visto a adultos ser tiroteados. Los he visto entrar en prisión", dice una de sus letras.

Aziz Benhamou, rapero y estudiante, hace la M con las manos, el gesto con que los jóvenes del barrio se refieren a Molenbeek.
Aziz Benhamou, rapero y estudiante, hace la M con las manos, el gesto con que los jóvenes del barrio se refieren a Molenbeek.

Jóvenes como él, cargados de rabia y desesperanza, son objetivo preferente de los predicadores del odio en Europa. "La segunda generación vive un vacío identitario. En el ISIS son especialistas en canalizar esos sentimientos. Por eso no sorprende que sea capaz de atentar un joven al que le gusta el Barça, se hace selfies vistiendo Dolce&Gabbana y va a los bares. Lo que le mueve no es la pasion por la religion, sino su odio y frustración", describe Lesaca en referencia a uno de los acusados del ataque de Las Ramblas.

Desconfiados con la policía y rechazados a menudo por sus orígenes cuando buscan trabajo, de la integración de Aziz y otros como él depende la convivencia futura en un continente que no siempre sienten como suyo. Nacido y criado en Bruselas, en caso de partido Bélgica-Marruecos, no duda. Va con Marruecos.

La UE protege los espacios públicos

Atentar ha dejado de ser una actividad cara. Tres de cada cuatro ataques en Europa costaron menos de 10.000 dólares (8.500 euros) el pasado año, según el Índice de Terrorismo Global. Disponer de un vehículo es suficiente, por lo que entre los objetivos de la UE está mejorar la seguridad de los espacios públicos después de la oleada de atropellos intencionados de los últimos meses. Bruselas dedicará 120 millones de euros para ayudar a las ciudades y regiones a proteger mejor estos espacios sin dejar de respetar su carácter abierto y público.

Más información