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Humos del Tapado

Peña Nieto, en otro gazapo coreografiado y engominado de su gestión enrevesada, salió al umbral del palacio para la dimisión de Meade a la Secretaría de Hacienda

Decía Octavio Paz que en los tiempos pasados –cuando el presidente de México era el patriarca con su otoño incluido—el ejercicio del Dedazo representaba la guinda suprema del PODER con todas sus mayúsculas. Se trataba de un flamígero instante en que cada presidente elegía a su sucesor en el trono (cosa que ni los monarcas podían definir al tener que heredar su corona a primogénitos babeantes), pero como bien señalaba Paz, en ese preciso momento el Todopoderoso Presidente empezaba por goteo a perder precisamente su poder ya no tan omnipotente.

Lo del apodo del Tapado se lo debemos al gran Abel Quezada, más que artista, filósofo visual de un México que a veces sólo se entiende en caricaturas. Quezada –que fue cronista en cartones de varias décadas de la vida nacional y además reconocido cartonista en The New Yorker—dibujó a un elegante burócrata cubierto con un capuchón de verdugo, cuyos agujeros para los ojos no permiten ponderarle la vista… y esa figura anónima fue utilizada incluso para la publicidad: "El Tapado fuma Elegantes" y colgaba de sus labios un cigarrillo de papel de arroz cuyo delgadísimo hilo de humo llega hasta nuestros días como neblina cambiante: La ridícula pantomima priísta cuando destaparon a un candidato para unas elecciones donde no habría candidatos de oposición. El candidote solitario nos tenía con el ánimo en vilo, sin que nadie pudiera vaticinar si de veras podría ganarse a sí mismo.

Las repetidas ocasiones en que la caballada estaba flaca (según axioma de un momificado líder obrero) y nadie parecía atinarle a quién sería el hombre bajo el capuchón. Las ocasiones en que la cargada se equivocaba descaradamente de elegido y caían en casa de un falso tapado con botanas, brindis y mariachis para empezar bien el sexenio.

La ocasión en que hubo un poderoso presidente (quizá aficionado al ajedrez) que tuvo a bien decirle a dos –no uno—que eran El Tapado y en el rifirrafe de celos y cochupos tipo Fredo Corleone contra su hermano Miquele, se soltó un cíclico baño de sangre en el lamentable ritual de un país que sigue al día de hoy intentando construir una democracia en gerundio, sin dejar de ser una pirámide milenaria donde en realidad el poder lo lleva quien o quienes llevan el mando feroz desde la cúpula.

Haces unas horas, como si no supiéramos que es día 27, el presidente de México en otro gazapo coreografiado y engominado de su gestión enrevesada salió al umbral del palacio para informar de que el C.Lic. José Antonio Meade renunciaba a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y que le deseaba “la mejor de las suertes en el nuevo proyecto que está por emprender”. Si el presidente Peña Nieto desconoce que José Antonio Meade aspira a registrarse hoy mismo como candidato del PRI a la Presidencia de la República, quiere decir que le desea suerte en su nueva aventura como: a) capitán del equipo de nado sincronizado; b) conductor de un programa de concursos en la televisión veracruzana o c) malabarista en las esquinas de la gran Ciudad de México.

Si por el contrario, el presidente Peña Nieto anunció hoy la renuncia del secretario Meade a la cartera de Hacienda sabiendo que hoy mismo se registra como candidato del PRI, no descartemos que algún otro delfín insuflado intentase registrarse mañana y se crea una linda confusión de humos negros. Con todo, es muy probable que lo que vivimos hoy fue una ternurita más del sistema político mexicano en donde el Mandatario dice al pueblo lo que no puede decir abiertamente, se cumplen las formas, nadie se despeina y todo sigue como si nada…

Ojalá fuera lo contrario y que en el instante en que se registre el candidato José Antonio Meade declare abiertamente su propósito, ánimo e intención de ser un político absolutamente diferente de la caterva de imbéciles que han sumido al país en un páramo de más de 120.000 tumbas en llamas, que no tenga vergüenza de aceptar que es un político plural e incluyente, que es un hombre bueno y no un galán de falsos amoríos con cupletistas o vedettes, que es un lector y que piensa, que conoce el mundo por pensarlo, que tiene errores y ha tenido no pocos descalabros profesionales e incluso personales, pero que en todos y ante todos ha intentando en gerundio levantarse de ello y superar su capacidad de ponderación, negociación y acción… en fin, que la utopía siempre unida al Destape del Tapado no deja de provocar –al menos en mi generación—un aura de esperanza de que ahora sí o le cambian el rumbo a este desmadre o por lo menos, que la Selección Mexicana de Fútbol alcance a jugar el quinto partido en el próximo Mundial de Rusia: allí donde se ven las caras las dos primeras revoluciones del Siglo XX, continuando con los lastres del Dedazo en pleno siglo XXI.

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